Nuria por Alborxí
Un
día soleado, María, le pidió a Nuria un recado:
- Tienes que ir a casa del tío a darle esta sopa y este medicamento para que se cure. - dijo María.
- Y ten cuidado, por el parque Alborxí, hay hombres que te pueden coger – repitió María.
- Vale mamá – contestó Nuria.
Se
vistió, se cepilló los dientes y se peinó. Cogió la cesta y se
fue con el medicamento y la sopa en ella.
Pasó
por la Alfarería, donde se encontraban algunas chicas del grupo
“Titas”: Ángela, Johana, Laura y Valeria. Nuria siguió y pasó
por algunos bares: El Bocao y El Cano. Llegó a una cancha y pensó
en sentarse dentro. Lo que no le gustó era que habían niños
dentro, así que se sentó en un banco cerca de una caseta. Por allí
pasaba un hombre, y se sentó a su lado:
- Ummmm, que olor más rico. ¿Qué es?
- No te lo diré – le contestó Nuria.
- Si no me lo dices, lo haré a las malas. Arrrgggggg.
El
hombre saltó sobre ella, y la cogió por sorpresa. Nuria se logró
soltar y le dio una patada en la rodilla. Así el hombre se puso
arrodillado, dolorido. Nuria cogió la cesta y se dirigió a la calle
Mayor, donde su tío la esperaba en la puerta 4. Llamó a la puerta y
nada más entrar vio a su tía Sonia.
Sonia
le llevó hasta la habitación donde estaba su tío Vicente:
- Hola tío, aquí te traigo tu sopa y el medicamento – dijo Nuria, alegre.
- Gracias teta – dijo Vicente. – Ummmmm, qué olor más rico.







